| El Cedro. Parque Nacional de Garajonay |
Amamos los lugares como si fueran
personas y nuestros recuerdos se amontonan cada vez que los volvemos a
encontrar, intentando empezar en el punto donde se paró nuestro recuerdo. Miramos
para reconocernos con ellos, para volver a sentir las mismas sensaciones que
nos cautivaron la primera vez. Pero no importa si no nos acordamos, los lugares
tampoco nos recuerdan. Todo vuelve a empezar. No importa las veces que lo veas
y lo contemples.
El paisaje siempre se ofrece viejo y nuevo a la vez. El Paisaje no tiene
dueño y se hace de quien quiera apreciarlo, de quien quiera vivirlo, y pasa a
convertirse en algo de nosotros mismos, en algo íntimo.